lunes, 18 de enero de 2010

hoy tengo la necesidad de escribir lo que me ha pasado, lo haré resumidamente y sin ningún tipo de adorno literario:

he tado estudiando en derecho, baje en metro con un amigo por la tarde y quedé con una amiga en la biblioteca con la que luego me subiría en su coche, pues bien a ella se le ha ocurrido mi misma idea, y nos han dado a los tres en sevilla mas de la una de la noche. ya no van a esa hora autobuses ni metro, solo había un autobús pero deja al principio de camas. Pues bien alli nos hemos plantado, nos hemos bajado en la niebla en un pueblo a tres pueblos de distancia de el nuestro, en una parada de un poligono industrial, hemos visto cosas raras, tres camiones pitando, comportndose omo una familia de elefantes, nos ha seguido un poco un coche muy despacito justo detras nuestra a unos metros y luego se ha ido sin más, nos han enfocado con un foco como el de una cárcel...en fin denoche con mucha niebla por la carretera dejando atrás dos pueblos miles de farolas como conos de luz amarilla y dos polígonos industriales, mas bien sus siluetas negras frente al blanco de la niebla... algo tétrico.. pero bonito, lo volvería a hacer

miércoles, 13 de enero de 2010

Se olvidó la utopía!

Nuestro amor es clandestino, sé que es un juego prohibido, pero aceptaré el castigo que me pongan por quererte, trae bajo la capa el frasco de los suspiros, el veneno que cupido pone a las flechas que al inocente hieren, pero haceptaré el castigo que me pongan por quererte como siempre hice antes y como haré para siempre, el sabor de la canela, el alma encendida y la frontera entre tu cama y la mia rota por el calor de la primavera ayudarán.
Líbrame de tu condena y aceptaré la condena de quién me quiera condenar.

Recuerdo cuando me enseñaban las épocas de ídolos, líderes espirituales, ideológicos, reyes y reinas de las almas del pueblo, poderosos dioses, nombres del rayo y la tormenta, nombres de la lluvia y del río, del cielo y del mar, de los corazones. Épocas de ideales, de esperanza y de utopías, cuando la gente vivía en un mundo tomado por la guerra, la esclavitud, la codicia y el ansia de poder, era entonces cuando existía la esperanza. Ahora el dinero es el Dios del caspitalista, del empresario, del médico y del ingeniero, pero también del comunista, de bohemio y soñador, del artista, del músico y el pintor, el dineroes el único ideal y el unico dios, es eterno, perfecto y aunque no lo creamos capaz de dar felicidad y desgracia.

¿Ya hemos abandonado nuestros ídolos?, ¿Qué fue de Gaia, Era, Orus, Ator, Qetzalcoalt, Tor y Odín? ¿Cúando abandonamos lo que nos enseñaron Jesús, Siddharta y Mahoma?¿Cómo pudimos olvidarlo todo? No se cómo ni cuando ni si ya tiene remedio pero es el fin de la utopía, se muere y se lleva nuestros ídolos de la mano.

lunes, 11 de enero de 2010

¿Y qué?... Nada, como siempre

¡Otra vez! Otra vez la misma sensación de siempre, hormiguitas y mariposas se adueñan de mis órganos internos, sólo con pensar en esa persona, pero con una diferencia, esta vez me cayo, no lo hablo con los demás, no lo hablo casi ni conmigo mismo y, por supuesto, no se lo puedo decir.
el orgullo cierra la puerta, el miedo estrecha las paredes y el calor sofoca ¡Incluso con los primeros copos de nieve de los últimos sesenta años!

domingo, 27 de diciembre de 2009

Por el camino que lleva a Belén
baja una puta que no tiene sostén
los pastorcillos se la quieren joder
pero no tienen mas que un roto condón,
roto condón, roto condón...
pom pom pom... pom pom pom

miércoles, 16 de diciembre de 2009

ΝΕΣΤΩΡ Ι ΕΚΤΩΡ

La antorcha que sostenía chisporroteaba, soltando humo que hacia llorar los ojos, yo caminaba detrás, pisando allí por donde aquel hombre sorprendentemente ágil pisaba mientras me advertía que, en la cueva, muchas piedras estaban cubiertas todo el año de una fina capa de agua que las hacía muy resbalosas. Contaba que las columnas de la cueva, que a mí me parecían hechas por los mismísimos dioses, no eran más que agua ¡tan quieta Que solidificaba convirtiéndose en pura piedra!

Dicaiópolis, era un hombre mayor, de casi sesenta años, delgado y con una tupida barba blanca, más o menos rizada. Siempre nos reunía a mí y a nueve discípulos más en aquella cueva tan maravillosa, que tenía una pequeñísima entrada y un largo y angosto pasillo, pero una sala con una bóveda imposible de construir por los hombres, abarrotada de dientes, algunos de los cuales llegaban a tocar otros semejantes del suelo de la sala, formando columnas que parecían sostener la sala, pero que Dicaiópolis nos aseguraba que eran solo agua que estaba quieta desde que los dioses y los titanes se disputaban el cosmos.

De los nueve éramos seis muchachos de entre veinte y diecisiete años de edad y los otros cuatro rondarían los veintiocho o los treinta, no lo sé, pero todos compartíamos algo muy especial, que también compartía nuestro maestro Dicaiópolis; la curiosidad por el funcionamiento de cada mecanismo de Gea, la naturaleza. Allí nos reuníamos, y el maestro nos planteaba una reflexión, nos planteaba una pregunta, que mediante el diálogo y la reflexión con nuestra pareja debíamos responder a la semana siguiente. Las parejas estaban formadas por dos discípulos que mantenían una relación más estrecha que con los demás, y que durante la semana debían buscar la respuesta primero y preparar luego una exposición convincente de la hipótesis ante los compañeros.

Aquel día yo llegué el último, Dicaiópolis me había estado esperando en la entrada de la cueva con la antorcha, y ahora recorríamos el pasillo en dirección a la gran sala donde cada semana hacíamos nuestras exposiciones y luego él nos enseñaba la verdadera respuesta si es que la tenía, o nos leía algún texto de Aristóteles, Platón o algún otro gran pensador de los que hacía unos años habían enriquecido el saber en las tierras helénicas.

Cuando llegamos a la sala estaba todos hablando fuerte riéndose y bebiendo algo de vino que habían llevado, Héctor, mi compañero, me recibió con una mirada cómplice, saludó respetuosamente tendiéndole el antebrazo a Dicaiópolis, y luego me abrazó fuertemente.

- Néstor! Hoy les convenceremos!-me dijo.

- eso espero Héctor.

Nos sentamos justos, apoyados en una piedra, deseosos de escuchar el mito que nos contaría hoy Dicaiópolis para plantearnos la pregunta de esa semana.

Dicaiópoplis nos mandó callar con un movimiento lento de la mano, y todos obedecimos ansiosos de escucharle. Él, sin que ninguno lo esperáramos, alzó la voz algo más de lo normal diciendo “¡ECO!” a lo que una voz respondió un par de veces repitiendo lo mismo por distintas cavidades y pasillos de la cueva. Aquello no nos sorprendió, todos los niños habíamos jugado a llamar a esa vocecilla en el ágora cuando estaba vacía o en el teatro de nuestra ciudad, o en los acantilados o cuevas del campo.

“Hace mucho tiempo”, empezó a contar, “vivió un Joven muy apuesto llamado Narciso, tan bello que muchas muchachas y muchachos lo desearon,(en ese momento, Héctor me miró cómplicemente con una nerviosa sonrisa) pero tan cruel fue el orgullo de éste que no pudo fijarse en ningún joven ni ninguna doncella pues nadie lo impresionó. Un día vagando por el campo con un grupo de amigos, se separó sin querer y quedó por un momento perdido de ellos. Eco una ninfa que castigada por Juno, solo podía repetir lo último que decían los demás, al verlo se enamoró. Pero al acercarse al bello joven, éste huyó corriendo, diciendo que antes moriría que dejar que alguien se adueñara de él. Rechazada la ninfa fue muriendo sin morirse, se fue consumiendo poco a poco primero la carne y luego los huesos y al final sólo quedó de ella, en las piedras, su Voz.”


J.M.E.E.

lunes, 14 de diciembre de 2009

ΕΛ ΝΩΡΤΕ ΠΕΡΔΙΔΟ

A veces pierdo el norte, hay veces q no sé hacia donde tengo que ir, y lo peor es que sé que ni si quiera me interesa donde está el norte, sencillamente pierdo mis objetivos... a pesar de eso todo puede ir bien, todo viento en popa. Pero el barco no tiene brújula y el cielo está nublado, o sencillamente no sabe a q puerto dirigirse, la mente no tripula el barco, el corazón es el místico timonel, irracional, caprichoso e impredecible... A este timonel le gusta navegar los días de tormenta, con la mar agitada, el riesgo, las velas llenas de sentimientos q mueven el barco a marchas forzadas casi a punto de romper los cabos q las unen al barco, olas de dudas y problemas amenazan por hundir el barco. Y es entonces cuando el timonel se esfuerza por mantener su rumbo, cuando la tripulación pone más empeño en mantener los cabos bien atados y el barco a flote, cuando el barco encuentra su verdadero "norte".


Atardecer en la finca del abuelo Eduardo, Cazalla de la Sierra, Sevilla
a 5-12-2009.

domingo, 13 de diciembre de 2009

Laureles de gloria, Corona de espinas.


http://www.youtube.com/watch?v=32uLBL9o-Pc

"Apolo quiso competir con Cupido en el arte de lanzar flechas. Cupido, molesto por su arrogancia, ideó vengarse de él. Para ello, lanzó al hermoso dios una flecha de oro, que causa un amor inmediato a quien hiere; por el contrario, hirió a la ninfa Dafne con una flecha de oro, que causa el rechazo amoroso. Así que cuando Apolo vio un día a Dafne se sintió herido de amor y se lanzó en su persecución. Pero Dafne, que sufría el efecto contrario, huyó de él. Y la ninfa corrió y corrió hasta que agotada pidió ayuda a su madre, la cual determino convertir a Dafne en laurel. Cuando Apolo alcanzó a Dafne, ésta iniciaba la transformación: su cuerpo se cubrió de dura corteza, sus pues fueron raíces que se hincaban en el suelo y su cabello se llenó de hojas. Apolo se abrazó al árbol y se echó a llorar. Y dijo: "Puesto que no puedes ser mi mujer, serás mi árbol predilecto y tus hojas, siempre verdes, coronarán las cabezas de las gentes en señal de victoria"

Metamorfosis, Ovidio





Tenemos heridas, tenemos medallas,
Laureles de gloria, coronas de espinas.
Más de cien palabras, más de cien motivos
Para no cortarse de un tajo las venas,
Más de cien pupilas donde vernos vivos,
Más de cien mentiras que valen la pena.